SAGAS

Dentro de la gran variedad de textos infantiles y juveniles existe un grupo que ejerce fascinación entre los asiduos lectores por satisfacer una de sus principales necesidades: el siempre querer más. Todos los que nos hemos perdido en la lectura voraz de alguna obra literaria conocemos ese sentimiento, ese vértigo que nos envuelve cuando notamos que el número de páginas por leer ha disminuido notablemente y el fin de la aventura está a la vista. Siempre quedamos con las ganas de más. En muchos casos reconocemos en esa sensación la maestría del escritor que nos logra brindar gratos momentos, nuevos amigos y aviva nuestra imaginación. Pero existen algunos que han sabido regalarnos más de una aventura al lado de nuestros personajes favoritos a través de sagas.

 

Estas son colecciones de novelas que tienen como hilo conductor, en la mayoría de casos, la reaparición de todos o algunos de los protagonistas que se enfrentan a una nueva aventura o continúan con el desarrollo de una gran empresa. Esto las ubica dentro del género de historias de crecimiento en donde al lector se le permite atestiguar el desarrollo, a largo plazo, de los personajes. Esto, definitivamente, logra llevar al límite el proceso de identificación entre el receptor de la obra y el héroe, ya que de alguna manera crecen juntos.

Son clásicos de este estilo obras como El señor de los anillos, dividido en tres entregas, o Las crónicas de Narnia, conformada por siete libros. En la mayoría de casos, notamos que el patrón de la historia base suele repetirse, por lo que el interés en la obra se encuentra en la cantidad de variables que se puede imaginar. En los últimos años, y quizás uno de los agentes impulsores de el actual boom de la literatura infantil, la publicación de la saga del mago adolescente Harry Potter trajo a discusión este estilo narrativo. Asimismo, esto generó tanto el redescubrimiento de antiguas sagas, como la aparición de nuevas.

Es sobretodo la narrativa infantil juvenil sajona la que nos ha regalado obras maestras, como las mencionadas, de este estilo. Sin duda, uno de sus elementos más sorprendentes se deja notar cuando observamos a masas de niños y adolescente, aquellos a los que acusamos de estar contaminados por la tecnología y que catalogamos de no lectores, leer con avidez y esperar con impaciencia la aparición de una tomo de más de 600 páginas que devorarán en pocas horas y no dudarán en releer. No cabe duda que es toda una contradicción con las teorías entorno a la muerte del libro o de la actividad lectora.

Tres fenómenos: un breve vistazo en relación a las sagas

Harry Potter

Tonto sería hablar de literatura para niños y jóvenes y no mencionar a este personaje. Su historia inicia justo en el momento preciso, Harry ha cumplido los 11 años y recibe la mejor noticia de su vida: es un mago. La pregunta que podemos hacernos es ¿y quién no? J. K Rowling parece que lo sabía y así consiguió, a lo largo de siete entregas, que crecieron en complejidad y extensión, cautivar a millones de lectores. Muchos me han preguntado, sobretodo mis alumnas en la Facultad de Educación, qué opino sobre esta obra y creo que solo puedo responder de una manera: me gusta. He leído los siete libros, en español e ingles, más de una vez y la última entrega en un solo día. También he revisado las tres obras paralelas y visto las películas. No me cabe duda de que estas novelas tienen aquel elemento único que las hace atrayentes.

Ahora, si me pregunta si representan una gran novedad, es evidente que para mí no; pero para niños y adolescentes que se inician en la lectura claro que sí. Si hay algún mérito que reconocerle a la autora es que ha sabido usar una larga tradición y hacerla trabajar a su favor. Nos encontramos ante una típica historia de crecimiento, el protagonista en formación acompañado de pares y con una serie de adultos guía.

La tradición mágica encuentra referente en el círculo artúrico y en la mitología europea. A esta receta se le suma la correcta dosis de heroicidad y subversión de la que gusta el lector joven. No cabe duda de que la correcta publicidad ha ayudado, pero si no hubiera una gran necesidad de fantasía latente en el sector más joven de la sociedad no hubiera tenido acogida y un libro no se hubiera convertido en uno de los negocios más lucrativos estos últimos diez años.

Una serie de catastrófica desdichas

Nunca había oído mencionar a Limony Snicket, tampoco supe que su historia hubiera sido adaptada al cine. Lo descubrí una noche en una librería que ya no existe y compré el libro porque a simple vista me pareció que era viejo. Más tarde me percaté que el talento de un buen diagramador y las ventajas que ofrece hoy la tecnología al mundo editorial me habían engañado.

Antes de continuar describiendo esta saga, debo se fiel a las indicaciones del autor: no lo lean en busca de cosas agradables, no las hallarán, es más sería mejor que nunca traten de leerlo. A lo largo de trece aventuras, los hermanos Baudelaire vivirán las peores situaciones.

Muchos elementos hacen de estos libros una experiencia entrañable. Por un lado, los protagonistas y sus caracteres enamoran fácilmente al lector que logra continuar a pesar de las constantes advertencias, dentro y fuera del texto, sobre lo deprimente de los hechos a ser narrados. El autor nos tendrá con el alma en vilo con cada una de las cartas que el editor nos permitirá leer en las que se nos advierte que el solo conocer la existencia de estos hermanos nos pone en mortal peligro. El cuidado editorial es increíble y contar con al colección en mi biblioteca es un placer desde el hecho de contemplarlos en los estantes.

Sin duda es una de las colecciones que más me precio de poseer y que representan uno de los mayores problemas en la difusión de sagas en Latinoamérica: la traducción. Solo algunos de los tomos han llegado a Lima traducidos y han pasado casi inadvertido. La distribuidora VyD, sin embargo, tuvo a bien importar las versiones en idioma original, aunque esto limita el público lector que podrá acceder a ella.

Algunas conclusiones

Podría listar muchas otras sagas que deberían formar parte de cualquier biblioteca escolar. En los próximos días, se estrena la continuación de la adaptación cinematográfica de la saga Crepúsculo y Lima espera impaciente. Considero que es un buen momento para reflexionar sobre este gran grupo textual y sobre la poca importancia que se está dando a su estudio.

Como amantes de los libros reconocemos que, tal vez, no tengan toda la calidad literaria de un Paul Auster, de Bukowski u otros reconocidos nombres de la literatura universal; pero son un pie de inicio. Los niños y jóvenes nos están demostrando que sí tienen deseos de leer y que nuestras típicas excusas en torno a la pérdida de interés en esta actividad debido a la comunicación audiovisual o el desagrado a la lectura de gruesos tomos son solo eso, excusas.

Esperamos que no les demos más la espalda y busquemos nuevas maneras de usar estos fenómenos a favor de la difusión de la literatura. Vampiros y hombres lobo ha habido muchos a lo largo de la historia, así como magos y héroes protagonistas de más de una proeza, está en nosotros seguir guiando a ese lector ya iniciado en el siguiente paso de una gran, e interminable, aventura