Especial: Literatura Infantil y Juvenil | entrevista con Evelyn Arizpe

La mayoría de las producciones en el campo de la LIJ (y su crítica) se construyen a partir de lo que los adultos asumen sobre los niños y adolescentes: sus gustos, sus necesidades, sus limitaciones… todo desde una perspectiva adulta, lo cual presenta problemas a nivel teórico y la necesidad de acercamientos interdisciplinarios que ofrezcan visiones lo más completas posible y que se alejen de imposiciones pedagógicas o la idea de lecturas «correctas». Pero entre tantos quehaceres, surge la pregunta: «¿Los niños pueden participar en el proceso de trabajo crítico?» En esta quinta entrega, Evelyn Arizpe, investigadora y catedrática de la Universidad de Glasgow, nos orienta sobre esta posibilidad y muchas otras.

 

Hacer crítica literaria sobre la LIJ implica conocer tanto al texto como al lector,
por lo cual es recomendable recurrir, por ejemplo, tanto a la historia de la infancia
y de la educación como a la historia del libro y la historia del arte; tanto
a teorías sobre desarrollo humano como teoría literaria; a la teoría cognitiva y
a marcos socio-culturales.
Esto nos ayuda a evitar sentimentalismos y nostalgias y a estar más atentos a toda la
construcción social, moral, cultural e ideológica que puede estar tras un texto.

Por Áurea Xaydé Esquivel Flores

¿Qué implicaciones tiene hacer crítica literaria de obras para niños y jóvenes?
La primera respuesta que se me viene a la cabeza a esta pregunta es que, hasta hace poco, ¡nadie te tomaba en serio! Afortunadamente esto ha ido cambiando y, aunque todavía hay algunos por convencer, esta entrevista es un justamente una reconocimiento de la importancia y el lugar que tiene, tanto en la academia como en los círculos de profesionales relacionados con la infancia y la juventud, el hacer crítica literaria de obras para niños y jóvenes.

Pero tomemos nosotros ahora la pregunta en serio. Lo primero que tenemos que recordar es que la persona que hace crítica literaria de la LIJ es, al igual que los autores de la LIJ, un adulto. Como han señalado varios estudiosos del tema (en especial Jacqueline Rose) desde el momento en que es un adulto el que escribe para niños, la «literatura infantil» se ve comprometida a una visión particular: la visión de un adulto que imagina lo que es –o lo que quiere que sea– un niño o un joven. Esta visión también se aplica al crítico, quien, por muy joven que sea, no es un niño. Hablaré sobre los receptores más adelante pero ya de entrada podemos señalar que para saltar de alguna manera sobre esta brecha, para atenuar diferencias, es importante echar mano de una variedad de disciplinas. Hacer crítica literaria sobre la LIJ implica conocer tanto al texto como al lector, por lo cual es recomendable recurrir, por ejemplo, tanto a la historia de la infancia y de la educación como a la historia del libro y la historia del arte; tanto a teorías sobre desarrollo humano como teoría literaria; a la teoría cognitiva y a marcos socio-culturales. Esto nos ayuda a evitar sentimentalismos y nostalgias y a estar más atentos a toda la construcción social, moral, cultural e ideológica que puede estar tras un texto.

También cabe recordar que las aproximaciones críticas a las obras para niños y jóvenes se hacen de acuerdo con distintos objetivos. El trabajo más teórico se lleva a cabo dentro de círculos académicos, se presenta en conferencias sobre el tema y aparece en tesis o se publica en revistas especializadas. La crítica que se hace como requerimiento para un grado académico tiende a ser un ejercicio para mostrar que el alumno sabe manejar ciertos conceptos teóricos y que puede escribir un texto coherente y sostenido por la evidencia que presenta. La que hacen académicos establecidos normalmente surge de proyectos de investigación o a partir de posturas analíticas e ideológicas. Los resultados de estas aproximaciones tienden a quedar dentro de los mismos círculos académicos a menos que uno de los objetivos sea influir de alguna manera en la enseñanza o la mediación. Lo ideal sería difundir las ideas, tanto para el avance en el conocimiento del área de la literatura infantil y juvenil en términos académicos como en términos de un público que busca conocer más de esta área.

Hasta hace algunos años, en el mundo hispanohablante había pocas publicaciones dedicadas a esta labor de crítica y difusión, ahora existen cada vez más revistas, sobre todo digitales, dirigidas a maestros, estudiantes, bibliotecarios, mediadores de lectura y padres de familia. Aun a través de las revistas o publicaciones menos teóricas, como blogs, por ejemplo, los lectores pueden volverse más conscientes de lo que implica tener una mirada más crítica hacia la LIJ. Esta mirada significa estar más alertas a lo que podemos encontrar bajo la superficie de un texto y poder reflexionar sobre ello a través de distintos «lentes» o perspectivas; por ejemplo, estar atentos a cuestiones feministas, de diversidad, de manipulación comercial. Hacer crítica implica cuestionar el texto en cuanto a la forma en que se manejan las construcciones y elementos literarios y siempre estar conscientes de la brecha entre la visión que tiene el autor adulto y la agencia, a veces subversiva, que puede tener el lector niño o joven.

¿Qué visión tienes de los jóvenes lectores?
Los jóvenes de hoy, como todos sabemos, tienen más distracciones que ninguna generación anterior pero a la vez tienen acceso a más libros, muchos de ellos literatura juvenil de gran calidad literaria y que abordan temas de interés para la juventud. Sin embargo, por lo que hemos podido averiguar a través de nuestro proyecto «Transformaciones lectoras: Actos de lectura, literatura juvenil y jóvenes en México», que justamente recoge respuestas lectoras a distintos tipos de texto (novela gráfica, novela, libro álbum), su lectura sigue siendo ecléctica porque no siempre saben por dónde comenzar o por dónde continuar sus lecturas. Para algunos, la lectura en línea ha sido un descubrimiento que abre las posibilidades de obtener textos de todos tipos, aunque cabe observar que no todo lo que hay vale la pena leerlo y que pueden encontrar textos poco adecuados para su edad. Además, no todos tienen acceso a Internet o por lo menos de manera que puedan leer un libro entero sin interrupciones. Aun cuando tienen mejor acceso, les cuesta trabajo encontrar lo que realmente les interesa; una vez que descubren el «hilo» y llegan a leer algo que les gusta, se convierten en entusiasmados «expertos» lectores en cuanto a ciertos textos, ya sean sagas o manuales para videojuegos. Por lo tanto, me parece que la mediación de una persona informada al respecto de la LIJ, o por lo menos de un buen lector, sigue siendo crucial para introducir a los jóvenes al mundo de la literatura, ya sea clásica o contemporánea y el auge de los booktubers es un ejemplo de este tipo de «mediación». La tentación que para los jóvenes presentan todas las demás distracciones y actividades en sus vidas significa que necesitamos mediadores no sólo con experiencia lectora sino con los conocimientos y el entusiasmo necesario para lograr con éxito el encuentro de un joven con un libro.

¿A qué se debe, según tu experiencia, la poca crítica en el campo de la LIJ en México?
Creo que tiene que ver con cuatro factores. El primero se refiere a las líneas con las que comencé esta entrevista y es que no es sino hasta hace poco (y todavía no es una visión generalizada) que la LIJ se ha tomado en serio como literatura. Prueba de ello es que apenas hasta ahora algunas facultades en universidades mexicanas comienzan a ofrecer cursos académicos o a aceptar tesis en esta área. El segundo factor va de la mano con el primero ya que se refiere al hecho de que la LIJ se considera sobre todo en cuanto a su función pedagógica y por lo tanto, la mayoría de los textos que se escriben sobre un libro para niños o jóvenes tienen la finalidad de promover el libro o la lectura en contextos o con motivos educativos. El tercer factor tiene que ver con la persistencia de la idea de que el texto escrito es una autoridad que no se cuestiona y sobre la cual no podemos tener opiniones distintas o negativas (sobre todo si se trata de un autor célebre o premiado). Finalmente, persiste también la creencia de que el análisis sirve para «encontrar» el mensaje o el significado del texto. Para que la crítica realmente sea «crítica», hay que dejar a un lado el buscar respuestas e interpretaciones «correctas» y darnos cuenta de que los textos tienen una multitud de significados, que algunos permanecerán ambiguos y que cada lector percibirá éstos de manera distinta.

Esto último va ligado a que en la mayor parte de los textos que reseñan o discuten sobre la LIJ no se suele manejar un lenguaje crítico, lo cual significa perder la oportunidad para ir aproximando a los lectores (sobre todo a maestros y bibliotecarios, pero también padres de familia) a conceptos más complejos. Esto se puede lograr al proporcionarles herramientas de análisis para ir más allá de recomendar un texto o de mostrar lo que los lectores pueden aprender de su lectura. Sin embargo, creo que ahora comienza a surgir una generación de mexicanos, estudiantes de letras y de otras disciplinas que han tenido la oportunidad de leer y estudiar las teorías y la crítica infantil que se hace en otros países y que comienzan a desarrollar sus propias perspectivas.

Si la literatura «infantil y juvenil» es definida, a grandes rasgos, a partir de la condición de los receptores, ¿cómo pueden influir éstos en las diferentes maneras de hacer crítica literaria?
La crítica tampoco puede sustraerse de esta definición. En un intento por acercarse a la LIJ desde una visión «no-adulta», algunos críticos, comenzando por Peter Hollindale, han intentado hacer «child-oriented criticism», que podríamos traducir como «crítica orientada hacia el niño», es decir, pensar y revisitar hasta donde sea posible los espacios de infancia que todavía existen en el adulto y que se expresan tanto al escribir como al leer un texto para niños. Otros críticos se acercan a través de la teoría de la recepción, que intenta identificar al lector implícito (Wolgang Iser) a través de las invitaciones que hace el texto. Finalmente, algunos críticos han optado por trabajar con lectores «reales», recogiendo sus respuestas lectoras para reconstruir las formas en que interpretan un texto y desde esa perspectiva abordar las obras (como por ejemplo el trabajo que realizamos Morag Styles y yo en nuestro libro Lectura de imágenes).

Los lectores «reales» pueden proporcionar pistas importantes para considerar las obras dirigidas a ellos. Normalmente se considera que los niños no tienen la capacidad para observar o reflexionar sobre un texto pero esto es porque pocas veces se les da la oportunidad o no se les proporciona el espacio. La respuesta lectora de cualquier tipo es el origen de la crítica, desde el decir «me gusta» o «no me gusta», y ésta puede desarrollarse con un poco de apoyo y conforme se amplíe la experiencia lectora. Los lectores tienen mucha experiencia con otros medios y esto puede servir de base para ayudarles a aproximarse de manera más profunda al texto pero hay que tomar en serio lo que pueden aportar a la interpretación.

¿Consideras que la formación de un crítico de LIJ es diferente al de un crítico literario de «libros adultos»? ¿Por qué?
Sí, aunque ambos parten de un tronco común que, como ya dije, es el conocimiento de la literatura en general y de la teoría literaria. Como también mencioné, como críticos de obras para niños y jóvenes, tenemos que echar mano de más interdisciplinariedad y, también, como ya dije, tampoco se puede hacer este tipo de crítica sin tener en mente al lector implícito (¡y no está de más que de cuando en cuando tengamos interacción con lectores «reales» ya que estas sesiones pueden volvernos a la realidad cuando intentamos ser demasiado listos y eruditos en nuestras observaciones!). Además, un crítico literario de obras para adultos normalmente se limita a cierta época histórica (medieval, renacentista, poscolonial) o a cierta lengua o área del mundo (literatura española, francesa, inglesa) e inclusive a un género (teatro, poesía), mientras que si trabajamos con la LIJ tenemos que conocer obras clásicas y contemporáneas de todo el mundo; para todas las edades (desde la infancia más temprana hasta los últimos años de «juventud»); en una gran diversidad de formatos y lenguajes (visual, digital y a veces hasta táctil). Implica estar pendiente de la relación de la LIJ con otros medios como el cine o el teatro; estar atento al mundo editorial y al mercado global y además, conocer los orígenes históricos y educativos del género y, finalmente, no nos viene mal tener una idea de cómo se aprende a leer… En otras palabras, como críticos literarios de obras para niños y jóvenes tenemos que ir mucho más allá del crítico literario para adultos: es un reto, pero esto es lo que hace que nuestro trabajo sea tan emocionante y fascinante.

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Evelyn Arizpe es investigadora y catedrática de la Universidad de Glasgow. Doctora por la Universidad de Cambridge. Su trabajo se enfoca principalmente en las estrategias de los niños para crear significados a partir de la interacción verbal-visual en libros álbum y su proyecto actual «Reading Fictions» indaga sobre cómo las representaciones de los libros y los lectores en la literatura infantil reflejan percepciones sobre el poder y propósito de la educación literaria. Otras áreas de interés son: la literatura para jóvenes, la respuesta del lector, América Latina, migración y comunidades interculturales. Imparte el curso de Literatura Infantil y Alfabetización: Línea de investigación crítica en la Universidad de Glasgow, Inglaterra. Es profesora invitada de la Universidad Autónoma de Barcelona, de la Universidad de Zaragoza y de la Universidad Iberoamericana en México.

Entre sus publicaciones se encuentran Marvellous Realities: 25 Years of Illustration for Children in México (2008), El lector infantil ante la intertextualidad y la metaficción en el libro álbum (2010), How responses to picturebooks reflect and support the emocional development of young bilingual children (2011) y Entre imágenes y palabras: la investigación que promueve comunidades lectoras inclusivas y creativas (2012).


Créditos: Roberto Bolaños Godoy
Fuente: gacetafrontal.com

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