Leer para reír

Un poquito de historia

La literatura infantil, en el Perú, es un género relativamente nuevo, recién en los últimos años, a raíz de los programas de lectura en los colegios, se puede apreciar una considerable publicación de obras dirigidas a los lectores niños. Lamentablemente, en la mayoría de estas obras se prioriza el elemento didáctico y moralizador. Son pocos los escritores que se arriesgan a hacer del libro infantil un texto irreverente y divertido que capture la risa y la atención de los niños, aunque pueda generar críticas de parte de padres y maestros tradicionales que esperan ansiosos el mensaje aleccionador y el castigo ejemplar para el desobediente.

No obstante, el humor y la transgresión han estado presentes en la literatura desde su origen, en las rimas y canciones emanadas del folclore popular. Ambos elementos ejercen un atractivo seductor en los niños más pequeños, pues desde edades muy tempranas, la risa forma parte de la vida del niño; las rimas, canciones y trabalenguas generan su hilaridad aun cuando no entiendan los significados de las palabras. Ríen por la entonación y el ritmo, por los gestos de la persona que cuenta o por una situación inesperada que rompe con la rutina de lo previsto.

Más adelante, cuando ya comprenden los significados de las palabras, los niños disfrutan con los relatos absurdos, con las bromas, con el doble sentido y la sorpresa. Es común encontrar niños que realizan juegos verbales espontáneos de preguntas y respuestas en las que se usa la rima y el disparate como elemento de humor.

Conforme va creciendo el niño se ve invadido por las reglas de la casa y de la escuela, debe entrenarse en el hábito de la obediencia a las leyes de los adultos, incluso cuando no las entiendan. Por eso, estas obras humorísticas, transgresoras, subversivas, en las que se pone en duda la autoridad y se usa el humor para solucionar problemas y distanciarse de ellos, serían las más adecuadas para atraerlos a la lectura. El niño podría vivir, al menos en la ficción, la libertad del lenguaje y la risa emanada de lo insólito de violar las reglas. Es el caso de la literatura que usa el recurso escatológico en la que es permitido el uso de palabras “prohibidas” que normalmente un niño no podría pronunciar sin sentir un profundo remordimiento y temor al castigo.

El denominador común de las obras infantiles que apelan al humor como detonante de la trama es la ausencia del “mensaje edificante” y, por ello, muchas veces han sido víctimas de censura en las escuelas, ya que avergüenzan a los padres y profesores. Estos, ante la exigencia de usar un lenguaje “adecuado y educado”, prescinden de estos títulos aun sabiendo que son los textos que más agradan a los niños.

Si revisamos los conceptos acerca del humor, veremos que éste es precisamente concebido como una transgresión a la regla: “El efecto cómico se realiza cuando existe la violación a una regla menor, por ejemplo una regla de etiqueta”. (Eco 10). La risa se genera cuando ocurre un hecho inesperado, sorpresivo que elude la consecuencia natural.

Es necesario que el humor, la broma y la ironía estén presentes en la escuela, el niño que se forma como lector necesita que la lectura sea una continuación del juego, que sea divertimento y alegría. ¿Cuántos pequeños sufren a temprana edad la muerte de los seres queridos, el abandono, la violencia? ¿Para cuántos de nosotros, lectores adultos, la literatura es una catarsis, un escape en algún momento particularmente duro en nuestras vidas?

Es preocupante que ninguna editorial considere la alegría como un valor importante dentro de sus cuadros de clasificación de los valores en sus catálogos.

La escuela, principal difusora de la literatura, no debe ser un ambiente cerrado y adusto en el que la censura y la conveniencia de los adultos se impongan sobre las preferencias de los niños. Necesitamos padres y maestros informados que acompañen al niño en su camino a formarse como lector. El humor, la transgresión y la risa son elementos que nutren la vida de todos. Mediante el disfrute de estas obras se acortan las diferencias generacionales, y se construye una complicidad necesaria entre adultos y niños. Además, nos acercan y nos revelan nuestra dimensión humana sobre todas las especies de la tierra; por lo tanto, es prioritario que estas obras se encuentren en todos los planes lectores y se permita a los niños disfrutar de su contenido.

 

Bibliografía

  • Eco, Umberto. !Carnaval! Mexico, D.F: Fondo de Cultura Económica, 1984
  • Larrosa, Jorge. Pedagogía profana. Buenos Aires, Ediciones Novedades Educativas, 2000
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