A propósito del Día Del Libro Infantil y Juvenil

El viernes 2 de abril se celebró en todo el mundo el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil. Esta celebración se da en homenaje al aniversario del nacimiento de uno de los escritores más prolíficos, cuya obra gustaba y conmovía especialmente a los niños: el escritor danés Hans Christian Andersen.

Muchas generaciones han crecido bajo el arrullo de sus relatos en aquellas épocas en las que la lectura de un cuento era la condición obligada para soñar. Quién no leyó y se conmovió alguna vez con el patito feo, humillado y rechazado por sus hermanos tan solo por el hecho de ser diferente. Y quién no vivió con el soldadito de plomo las heridas de la envidia, la maldad y la redención del amor. A cuántos de nosotros, si leemos la versión original, se nos arrugaría el corazón por el destino trágico de aquella sirenita, que no tiene nada que ver con el personaje de la versión light de Disney.

Sus personajes entrañables han quedado para siempre en nuestras vidas y nos han acompañado durante nuestra infancia mostrándonos que en el mundo infantil no todo es perfecto y pueril. Andersen nos mostró que el sufrimiento, la pena y la esperanza forman parte de la vida de todos: niños, adultos y viejos; pobres o ricos; príncipes o plebeyos.

Una vez más, en homenaje a este gran escritor se han celebrado diversas actividades de fomento a la lectura que continuarán durante toda la semana. Este año el lema de la celebración promovida por la Organización Internacional para el libro Infantil y Juvenil IBBY es: “Un libro te espera, ¡búscalo!”

Atendiendo a la urgencia de este lema, podemos afirmar que hoy más que nunca nuestros niños y jóvenes necesitan encontrar en un libro aquello que los conmueva y los cautive hasta el punto de apartarse, al menos por un momento, por unas horas, de la vorágine que significa ser joven o niño en la actualidad.

Leer implica para nuestros niños y jóvenes prescindir de los amigos, del bullicio, de internet, del Messenger, de los videojuegos, de los mensajes de texto, del celular, de los más de cien canales que tienen a su disposición con propuestas atractivas y seductoras para su edad; prescindir del mundo y simplemente leer.

En efecto, no es sencillo ser lector, ni se forman lectores de la noche a la mañana, ni todo es placer en la lectura. Ser lector es un ejercicio constante, un volver sobre el texto y releer; releer hasta entender ese pasaje oscuro, esa metáfora inusitada que desafía nuestro entendimiento, esas lentas y largas descripciones que nos muestran casi fotográficamente el universo ficcional. Ser lector implica apropiarnos del texto, darle la vuelta y completarlo con nuestras experiencias.

Por eso ahí está nuestro reto, como padres y profesores para acompañarlos en este descubrimiento. La tarea es ardua y a menudo no es tangible, requiere de paciencia, tolerancia, apertura, pero sobretodo requiere de amor por los libros para divulgar la buena literatura, la que conmueve y subleva, aquella que no se resume en un relato con moraleja o moralina evidente; aquella que admite mil interpretaciones y mil relecturas; la que causa estupor y admiración; aquella que incita a pensar y a reír; aquella de frases prohibidas, de travesuras verbales sin frases hechas ni censuras. Aquella que seduzca por su frescura y originalidad, que muestre la fantasía y la realidad; que no admita abandono.

Pero sobretodo y ante todo aquella en la que los niños y jóvenes se reconozcan y descubran que desde hace siglos y desde los inicios de la humanidad, los hombres se reunían en torno a una hoguera para contar lo que imaginaron y acompañarse de esos seres de ensueño que inventaban para espantar su soledad. Que descubran que desde siempre la literatura ha sido el tibio remanso donde descansamos de la realidad; donde siempre podemos aparcar.
Cuando logramos que un niño se estremezca ante un poema, se emocione con la lectura de un cuento o novela, estamos formando un ser humano sensible, crítico y creativo, capaz de conmoverse ante el dolor de los demás, que ejercite su capacidad de análisis y que no se imponga límites; en suma un adulto libre.

Que esta celebración por el Día Internacional del libro Infantil y Juvenil sea un estímulo que nos acompañe todos los días del año para continuar con nuestra labor de difundir y mostrar la buena literatura. Luego los niños y jóvenes elegirán.