I Congreso de Literatura Infantil y Juvenil "La excepción es la Norma"

Conversación con el Director Editorial del Grupo Norma

Vivimos momentos de privilegio: qué importancia empiezan a tener los libros y la lectura para niños y jóvenes en el Perú. Días antes del Congreso Iberoamericano de Literatura Infantil y Juvenil realizado por SM en Santiago de Chile (e interrumpido por el deplorable terremoto), en Lima se llevó a cabo el I Congreso de Literatura Infantil y Juvenil organizado por el Grupo Norma.

El principal artífice de este evento fue Rubén Silva Pretel, Director Editorial de Norma, responsable de más de un centenar de títulos para pequeños lectores y promotor de los programas de capacitación docente, que ha implementado varios Diplomados y una Maestría. El Congreso en nuestra capital concentró dos días intensos de trabajo y contó con renombrados visitantes de América Latina, quienes estuvieron a cargo de conferencias, conversatorios y talleres. Fue una iniciativa extraordinaria, bien conducida y de valor inestimable para nuestra creciente comunidad dedicada a educar el gusto y los hábitos de lectura.

¿Podría afirmarse que el ánimo de organizar el congreso derivó de las experiencias obtenidas en el Diplomado y la Maestría convocadas también por el Grupo Norma?

Es cierto. Desde hace casi diez años venimos trabajando en el desarrollo de espacios de discusión con los maestros sobre temas de nuevas prácticas lectoras, nuevas corrientes pedagógicas y nuevas tendencias en animación de lectura. Y parte de la constante pregunta, ¿y ahora qué más…? referida al compromiso que, como editorial, hemos asumido con la comunidad en general y más específicamente con los maestros y maestras.

¿Cómo explicaría que una editorial —cuyo comportamiento es fundamentalmente empresarial—, se empeñe en propiciar la reflexión sobre la categoría de la literatura infantil y su situación en nuestros países hermanos?

Es muy sencillo, no estamos haciendo solo actos altruistas ni demagogia; estamos sentando las bases para que en el Perú haya más y mejores mediadores de la lectura. Mediadores críticos y enterados de las más modernas discusiones en los temas educativos, literarios y de animación a la lectura; mediadores que logren que los niños amen los libros. Es decir, estamos cultivando lectores que esperamos cosechar en mediano y largo plazo, y, además, estamos asegurándonos la supervivencia.

¿Cuáles fueron los principales objetivos que se plantearon en la organización del congreso?

El más importante: abrir un espacio de discusión y reflexión sobre novedosas prácticas lectoras y corrientes pedagógicas y lo actual en animación a la lectura. Pretendimos que el maestro, el bibliotecario, el escritor y el animador a la lectura salieran motivados, interesados y felices, pero sobre todo (parafraseando a Bryce en un Mundo para Julius) llenecitos de preguntas. Sabemos bien que no hay nada mejor que unas cuantas preguntas para iniciar los cambios.

Es verdad, aunque deber ser difícil reeducar a profesoras y profesores que tienen conceptos y prácticas muy conservadoras con respecto a la literatura y la lectura…

No sé si se trata de reeducar o de dar más instrumentos a los maestros y maestras, en todo caso si tuviéramos esa hipótesis no habríamos organizado nada.

Disculpa que insista, pero también cabría pensar que es a partir de esa premisa que se organiza el evento. Porque la visión y las prácticas que tienen los docentes de la lectura es todavía una asignatura pendiente…

Tengo claro que la visión y práctica sobre la lectura de algunos maestros y maestras no son las más idóneas, pero mi respuesta iba a que hay que tener fe en ellos; hay que creer que esto que hacemos les va a ser útil, que no va a caer en saco roto. La premisa es que hay una gran discusión en el mundo sobre la LIJ y queremos que maestros y maestras estén enterados.

Y que además participen, no sólo en foros sino en su ejercicio cotidiano.

Claro. Siempre es más fácil interiorizar un discurso que materializarlo, pero es un primer paso.

Vinieron especialistas valiosos, tanto en el campo académico como creativo. Estuvieron Ana María Machado, Yolanda Reyes, Fanuel Díaz… ¿qué ponencias le parecieron a usted las más novedosas e importantes?

Estuvieron también María Cristina Rincón de Fundalectura, El doctor Francisco Delgado, un extraordinario escritor y estudioso de Literatura Infantil y Juvenil, ecuatoriano. Vino también una figura muy importante en el mundo de la LIJ latinoamericana como la extraordinaria editora María Candelaria Posada. Yo quedé muy feliz con ellos, por eso esa es una pregunta difícil.

Hubo dos temas que llamaron especialmente mi interés: la mesa redonda sobre LIJ y educación, y la conferencia de Machado sobre la censura. ¿Dejaron más interrogantes o conclusiones?

Con respecto a la primera, lo que generó fueron grandes preguntas sobre el rol de la literatura en la escuela. Y sobre la censura, nos dice Machado que a pesar de vivir en tiempos de regímenes democráticos sigue siendo un tema actual. Porque siempre que haya una situación de poder se correrá el riesgo de la censura, pero no debemos confundir con la selección que hace la escuela o los padres: la selección es parte de las tareas de la escuela o del hogar. La censura tiene que ver con una asimetría en la relación de poder.

¿Qué talleres se ofrecieron y a cargo de quiénes?

El taller de análisis de imágenes en libros y álbumes ilustrados lo dio el crítico literario venezolano Fanuel Díaz. El de estimulación de la creatividad literaria lo dio María Cristina Rincón, especialista de Fundalectura. Otro titulado “El texto detonante” lo dio el doctor ecuatoriano Francisco Delgado. Y también hubo talleres con María Candelaria de Colombia y con María Eugenia Lasso de Ecuador, sobre las lecturas clásicas y los géneros literarios, respectivamente.

¿De qué manera se desarrollaron? ¿Cuántas sesiones tuvo y cuántas personas participaron?

La metodología de un taller es un trabajo intenso e interactivo. Se trabajaron materiales, se discutieron textos y herramientas y el tallerista actuó como un facilitador de aprendizajes autónomos. Eran sesiones de dos horas y participaron hasta cien personas por taller.

¿Cuál fue el volumen de asistencia al congreso?
¿Cómo analizaría usted la composición de la concurrencia y la percepción que les dejó el evento?

Fueron más de mil personas, todo un récord. Nosotros presupuestamos unos setecientos cincuenta asistentes y teníamos un plan de contingencia para atender a mil y casi se nos desborda el asunto. Los asistentes en su mayoría fueron maestros y maestras de inicial y primaria. Hubo un porcentaje minoritario de maestros de secundaria, un reducido grupo de bibliotecarios y bibliotecarias. Algunos estudiantes de educación y literatura. Las encuestas que tomamos nos dieron como respuesta que los asistentes estuvieron muy satisfechos con las conferencias y los talleres. Y pasando a las quejas, muchos sostuvieron que resultaron escasos los días del congreso.

Entonces valdría la pena repetirlo…

Tenemos previsto reeditarlo el próximo año.

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