Poesía para crecer

 

Los textos poéticos han sido desde siempre el primer contacto de los niños con la literatura. Las rimas retahílas, adivinanzas y canciones que madres tías y abuelas han  cantado generación tras generación  durante la más tierna infancia, sientan las bases para el posterior descubrimiento de lo que es poesía.

Para los oídos de un niño, estas  palabras agrupadas con cadencia y musicalidad poseen magia y generan un efecto instantáneo que los incita a imitar y jugar  con los sonidos,  tonos y  pausas;  experimentar con palabras desconocidas, repetirlas o inventarlas. Aún sin saberlo los niños disfrutan del efecto sonoro de las rimas y juegos verbales, ni qué decir de las metáforas y comparaciones que usan a diario con absoluta naturalidad.  El   lenguaje poético está presente en la expresión de los pequeños  así es  común escuchar a un niño afirmar que la luna lo persigue y  lo mira; que los árboles están bailando, que las olas quieren escapar de la playa, que quiere a su mamá hasta el cielo o que las estrellas se esconden, sin tener la menor noción de lo que es un símil, una personificación  o una metáfora; simplemente expresan lo que sienten como lo sienten.  

En su obra “La literatura infantil  y juvenil en Europa” Denisse Scarpit : dice acerca de la poesía: “Por los ritmos y juegos de lenguaje que ofrece, por el carácter oral que implica y porque apela a la sensibilidad, la poesía impresiona al niño más fácilmente que la prosa. Esto explica por qué en la mayoría de los países europeos la rima infantil y la poesía fueron, junto con los libros didácticos, la primera clase de lectura que se daba a los niños”

En efecto, la  poesía tiene un papel fundamental en el desarrollo de los hábitos lectores y en la adquisición del gusto por la lectura.  Estos textos poéticos  les permite  a los niños apreciar y  valorar lo especial;  disfrutar de todo lo que es gratis y  que está ahí para ser descubierto, para su asombro y maravilla.   Los entrena en el uso de la sugerencia y la alegoría;  les permite percibir la sonoridad y cadencia entre palabras, los sensibiliza para descubrir nuevas formas de ser feliz, de encontrar la armonía y el regocijo por todo aquello que perciban y los cautive, los vuelve lectores especiales. El  texto poético seduce y muestra, es como un   lente que amplifica y se posa en lo más importante, en lo que realmente requiere atención, aun cuando sea algo aparentemente ordinario.

Por ello es importante que los niños conozcan y disfruten de estos textos: ya sean poemas, canciones, historias rimadas, versos disparatados, limericks o adivinanzas que  les permitan descubrir y explorar el juego con las palabras.

__________________________________________________________________________________________________
Scarpit, Denisse: La literatura infantil y juvenil en Europa, México DF, Fondo de Cultura Económica 1986