La poesía no es un negocio rentable

Muchos de los libros de literatura infantil que llegan a las escuelas son textos narrativos. El plan lector de una escuela está formado por novelas y cuentos que narran historias de amor, de piratas, de aventuras, de miedo, de héroes fantásticos y de niños cotidianos. El texto narrativo es el género preferido de docentes y de editoriales, pero, ¿qué pasa con el género más importante en la formación de un lector?, ¿por qué cada vez se publica y se lee menos poesía?

 La poesía en las escuelas

El plan lector nacional es una propuesta pedagógica que se inició con la idea de fomentar e incrementar el hábito lector. Para muchos especialistas, la poesía debería ser la base de todo estudiante que empieza a formar un camino como lector, pero además “estar en poesía” es un disfrute. Como dice Laura Devetach, el “estar en estado poético” desarrolla la capacidad de aceptar la existencia de un ritmo interno y consolida así la creatividad personal y el imaginario.
Pero,  seamos sinceros, ¿cuántos de nosotros, adultos, leemos poesía?, ¿solemos comprar libros de poesía y tomar una tarde de domingo para disfrutar del romanticismo que nos regalan las rimas de Bécquer? Tal vez no, porque preferimos una novela o un libro de cuentos, o peor aún, preferimos no leer nada. Y así como encontramos pocos libros de poesía en nuestro estante o librero, los textos líricos tienen poca popularidad al momento de elaborar la famosa lista de “plan lector”.
Por años, a la lectura de la poesía se le ha atribuido injustamente el título de “compleja” y “aburrida” y ese discurso nos lo compramos todos: la poesía es difícil de entender, es complicado de enseñar, es aburrido para los niños. Lo curioso es que los niños siguen siendo los más receptivos a escuchar y disfrutar de la poesía. Ellos son los más entusiastas en los talleres de producción, en los juegos florales declamando con pasión a Vallejo o incluso en las reuniones familiares decantando con un poema para mamá. Los niños quieren recitar poesía, entonces, ¿por qué no se apuesta más por este género?

La poesía bajo la lupa editorial

La labor del editor de literatura infantil y juvenil es una tarea compleja. No solo debemos ser conscientes del desafío que representa seleccionar, editar, y publicar un texto dirigido a niños, sino también implica ser los principales mediadores entre lo que se escribe y lo que finalmente leen los niños. Es una gran responsabilidad que asumimos con entusiasmo y esperanza, sin embargo, en los últimos años, nuestra labor no solo se concentra en el reto de asumir nuestro papel de mediadores, sino también en lidiar con términos que antes solo se manejaban desde una oficina de “marketing”: la rentabilidad de un producto. Decir que un producto es rentable es afirmar que un libro se va a vender y que tiene potencial para convertirse en un “best seller”. Un libro rentable es aquel que genera ventas y utilidad en un corto periodo de tiempo. Esto no necesariamente implica que un “best seller” tenga poca calidad literaria, ahí está también la batalla y el buen ojo del editor, pero es claro que un “best seller” no se sostiene exclusivamente por su calidad literaria y artística, detrás del  éxito hay un trabajo de marketing, promoción, prensa y publicidad.

En ese contexto, ¿por qué en nuestro país la producción de poemarios, antologías, rimas, cancioneros, nanas y toda manifestación propia de la lírica popular es tan escasa?
La respuesta es simple: la poesía no vende. Al menos no tanto como la narrativa. La gente lee y consume poca poesía y  es un producto que requiere mayor esfuerzo e inversión para vender. No olvidemos que una editorial es también una empresa. Y como en toda empresa, cada “producto” nuevo debe ser analizado. Si los estudios de mercado indican que los docentes casi no leen poesía, que los padres de familia no compran poemarios, que en las listas de plan lector no incluyen la poca poesía disponible, entonces ¿por qué publicar libros que no venden?
En mis primeros años de editora me rehusaba a esa idea y mantenía una hipótesis: la poesía no vende porque no se publica. Convencida de esa realidad, fui testigo y participé en la publicación de libros orientados al mercado escolar. Libros maravillosos donde se combinan la calidad de autor y el arte del ilustrador. Resultados: un hermoso libro con bajas ventas, mucho inventario y alto gasto de promoción y marketing.

Son pocos los editores y editoriales que hoy en día apuestan por poemarios de autores clásicos como Francisco Izquierdo o Carlota Carvallo. Y hay editoriales que apuestan por autores contemporáneos como Heriberto Tejo, José Luis Mejía o Jorge Eslava, y eso es algo digno de aplaudir. Se aplaude porque, aun sabiendo los resultados comerciales que tendrán, existe un sentido de responsabilidad y fidelidad con el lector que sí lee y necesita poesía. Y ese riesgo hay que asumirlo.

En la medida que esta realidad cambie, las editoriales apostarán más por la poesía y entonces tendremos más textos disponibles y más opciones para escoger. Por ahora, en el ámbito comercial, es el género temido y hasta rechazado, y eso hace que se le valore más. Trabajar poesía en las escuelas es un reto, recitar rimas y canciones al niño pequeño es un desafío, publicar poemarios y antologías es un riesgo y comprar y leer poesía es  una decisión. Y es un camino solo para valientes.

Por Fiorella Bravo Arias
Editora de Literatura Infantil y Juvenil